Incorporación de María de los Ángeles Castro Arroyo a la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española

En la mañana del jueves, 11 de septiembre de 2025, se llevó el acto de incorporación de Dña. María de los Ángeles Castro Arroyo como académica numeraria de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española. Tomó posesión del sillón J mayúscula que antes ocupara D. Luis González Vales, pasado Historiador Oficial de Puerto Rico.
Se dio cita en la sede de la ACAPLE una concurrida audiencia de académicos, historiadores, miembros de la oficina de Conservación Histórica de Puerto Rico, antiguos alumnos, familiares y amigos. La respetada historiadora leyó el excelente discurso de ingreso titulado «Entre murallas, mitras y sables». Le respondió en nombre de la Corporación el académico y director de la ACAPLE, D. José Luis Vega, con el hermoso discurso titulado «Las omnímodas».
En su discurso de ingreso, la nueva académica presenta las figuras contrapuestas del Alejandro Tapia y Rivera y Juan de la Pezuela, gobernador y capitán general de Puerto Rico, desde 1848 hasta 1851. Nos habla sobre el precio de vivir en esa época en la ciudad amurallada de San Juan, fuertemente custodiada, aunque sus fortificaciones a la misma vez «protegieron la ciudad y ofrecieron a la población un sentido mayor de seguridad en períodos turbulentos de conflictos europeos».
Con especificad que deleita nos lleva de la mano por la historia de la ciudad amurallada para hablarnos sobre «el hacinamiento», el «cinturón de piedra» del capitán general, la unión de iglesia y estado que perduró por cuatro siglos, las restrictivas pautas de los «Bandos de policía y buen gobierno» y la muralla humana de vigilancia cuya finalidad era «afianzar la centralización del poder al mando del omnipotente capitán general»; hasta llegar a la guerra de 1898: «Después de la ominosa entrega a la bisoña potencia de América —nos dice— continuaron las murallas militares y surgieron otras imposiciones coloniales como el empeño en la asimilación cultural con el reemplazo de nuestra lengua como punta de lanza».
Para concluir su discurso se traslada a la ciudad capital de hoy. Su amor y fascinación por la ciudad queda plasmado en las siguientes palabras con que concluye su discurso de aceptación:
Durante el siglo y cuarto transcurrido desde entonces, la capital del país ha sufrido cambios, transformaciones y desbordado sus fronteras de antaño. Es hoy la que narra, describe y contextualiza autobiográficamente Edgardo Rodríguez Juliá en San Juan, ciudad soñada. Abstraído en el «fragmento histórico» de la isleta —el Viejo San Juan— también la sueña Luis Rafael Sánchez, quien, como Noel Estrada, dejó su corazón frente al mar:
La multisoñada San Juan Bautista trasciende el epíteto. Amarrada a una legión de sueños bien temprano aprendió a protegerse del fuego y sus devastaciones. Protegerse y ripostar el fuego inglés, el fuego holandés, el fuego del bucanero errante. Hoy la multisoñada San Juan Bautista refina su actualidad con ecos de nebulosos fantasmas ancestrales. Tanto así que ni los fastos discutibles de su ayer ni los desamparos harto visibles de su hoy alcanzan a desmerecerla.
Dña. María de los Ángeles Castro Arroyo es una de los más reconocidas y publicadas historiadoras de Puerto Rico. Investigadora acuciosa de la historia de Puerto Rico, especialmente del Viejo San Juan, trabajadora disciplinada e incansable, ha dedicado su vida a la investigación y al servicio de la Universidad de Puerto Rico y del País.
Completó su máster en Historia en la Universidad de Puerto Rico y en 1976 se doctoró en Historia e Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid. Regresó a su alma mater y desde allí formó centenares de estudiantes durante cuatro décadas. Se desempeñó como coordinadora del Programa Graduado de Historia, directora del Departamento de Historia; tuvo a su cargo la propuesta para la creación del programa doctoral en Historia; durante una década dirigió el Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad de Puerto Rico. En la Facultad de Humanidades trabajó para el desarrollo del ofrecimiento de la Maestría en Gestión y Administración Cultural; fue coordinadora de Programas Graduados y decana asociada de Asuntos Académicos. Además, se desempeñó como decana auxiliar de Estudios Graduados e Investigación del recinto de Río Piedras. Tras su jubilación en 2009, regresó a su alma mater como decana de la Facultad de Humanidades y rectora interina del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.
Su más reciente libro, Amurallados. Arquitectura y devenir en el Viejo San Juan, 1508-1898 (2024) es, sin duda, la obra maestra de su amorosa y erudita dedicación a la historia de Puerto Rico, en particular a la ciudad de San Juan. En 2018 publicó la edición crítica anotada de las memorias de Gervasio García Díaz, Mi paso por la alcaldía de Caguas. Entre sus publicaciones se encuentran también Remigio, Historia de un hombre. Las memorias de Ángel Rivero Méndez (2008), La Fortaleza de Santa Catalina (2005), San Juan de Puerto Rico. La ciudad a través del tiempo (2000) y Arquitectura en San Juan de Puerto Rico. Siglo XIX (1980), basado en su tesis doctoral. Es coautora de los libros: Ramón Power y Giralt, diputado puertorriqueño a las cortes generales y extraordinarias de España, 1810-1813 (2012); Puerto Rico en su historia. El rescate de la memoria (2001); Los primeros pasos: una bibliografía para empezar a investigar la historia de Puerto Rico (1984, 1987, 1994), América Latina: temas y problemas (1994) y La Carretera Central. Un viaje escénico a la historia de Puerto Rico (1997). Ha escrito innumerables artículos sobre historia de Puerto Rico publicados en libros colectivos y revistas del país y el extranjero. Fue cofundadora y miembro de la Junta Editora de Op.Cit. Revista del Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad de Puerto Rico. En 2011 la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades (hoy Humanidades Puerto Rico) la reconoció como Humanista del Año junto a su esposo, el también académico e historiador D. Gervasio García.
En María de los Ángeles Castro Arroyo se reúnen las más altas cualidades de una profesional y ser humano de primer orden: maestra de generaciones, investigadora responsable y certera, divulgadora del conocimiento de forma clara y accesible, trabajadora incansable, de compromiso humanístico, de gran espíritu de servicio con la comunidad y gran amiga. No nos queda duda que doña María de los Ángeles Castro Arroyo será una extraordinaria colaboradora que contribuirá a adelantar los trabajos en beneficio de la lengua desde nuestra Academia Puertorriqueña de la Lengua Española.





